Pasan los días y Aixa y Moro siguen en la perrera, arrastrando su triste pasado. Vivían juntos (encadenados en un patio y sin castrar) y tuvieron camada tras camada hasta que un día su «dueña» los llevó a la perrera con uno de sus cachorros, Taco. El peque se fue adoptado muy pronto, pero ellos se quedaron allí, invisibles.
Son de tamaño grande, mayores (unos 10 años) y, aunque son tranquilos, buenos, cariñosos y sociables, ¡nadie se interesa por ellos!
Están en una residencia, y necesitamos ayuda para cubrir sus gastos. Lo ideal, evidentemente, es que encuentren un hogar, y pueden adoptarse por separado porque no tienen dependencia el uno del otro: la dureza de su vida les ha enseñado a adaptarse a las circunstancias.


